Friday, March 11, 2005

Cuento de Pistola

Cuento de pistola
Guión de Toni Nievas
1999
Después de la última sesión, el cine de barrio queda vacío. Las puertas están cerradas, y el encargado, hombre joven y vestido de acomodador, echa la llave. En la sala entran Antonio y Julia, los encargados de limpiar las porquerías de la gente: restos de bolsas, latas y cajas de palomitas. Antonio encuentra una pistola debajo de un asiento y se sorprende.
Antonio: ¡Ey! Mira lo que he encontrado.
La pistola se dispara accidentalmente haciendo un agujero en la pantalla y Julia se desmaya del susto. Desde fuera de la sala se oye el disparo y entran corriendo el encargado de las llaves, otro acomodador y las chicas de la tienda de palomitas.
Encargado: ¿Qué ha sido ese ruido? ¡Antonio, joder! ¿Qué has hecho?
Antonio: Yo, yo, no. Yo no he hecho nada. ¡La he encontrado en el suelo y se ha disparado!
Encargado: ¿Está muerta? ¿Está muerta? ¡Contesta!
Antonio: Yo no lo creo. El disparo ha dado en la pantalla.
Las otras chicas se quedan en la puerta de la sala mirando, llorando y asustadas. El acomodador intenta reanimar a Julia.
Acomodador: Está desmayada. Abre los ojos, Julia.
Encargado: Traed un poco de agua.
Acomodador: Tendríamos que llamar a la policía.
Encargado: No, no, tranquilizaos un poco. Gracias a Dios no ha pasado nada. Tampoco es necesario montar un escándalo con esto. Yo me llevaré el arma y mañana la entregaré a la policía.
Antonio: Pero, joder, Jesús, eso no está bien. Tenemos que denunciar el caso ahora.
Acomodador: Es verdad, Jesús. ¿Y si la pistola pertenece a algún hijo de puta loco asesino y vuelve a por ella?
Antonio: El asesino siempre vuelve a la escena del crimen...
Encargado: ¿Y si mañana por este descuido nos quedamos todos sin trabajo?

Al día siguiente, Juan, el hermano de Jesús, llama a su puerta tocando el timbre sin parar. Son las ocho de la mañana, y Jesús está aún en la cama con su mujer.
Mujer: ¿Quién coño es a estas horas?
Jesús: Como sea un vendedor de enciclopedias le voy a partir la cara.
Jesús abre la puerta con cara de sueño, despeinado y en albornoz.
Jesús: Joder, Juan, menudas horas.
Juan: Lo siento, Jesús, pero tengo que pedirte el coche. Tengo el mío en el taller.
Jesús: ¿Cuándo vas a tirar ese coche? Siempre estás igual. Anda, toma. Tenías que llevar a mamá al médico. Te acuerdas, ¿no?
Juan: Ahora iba a pasar a recogerla.
Jesús: Pues de paso me puedes poner gasolina.

Juan entra en el coche de su hermano. Es un coche caro y bonito, como el de un encargado. Abre la guantera y saca unas gafas de sol. Se las pone y descubre la pistola dentro de la guantera, ya que sobresale un poco el cañón. Coge la pistola vigilando que nadie le vea.
Juan: Me cago en la puta hostia. Qué cabrón de hermano tengo. Ya decía yo que trabajar en un cine no era nada bueno.
Juan vuelve a esconder la pistola en su sitio y se va con el coche escuchando música hasta la casa de la madre. Ella está en la puerta de su casa esperando cabreada. Entra en el coche.
Madre: Tú tienes muy poca palabra. Tenía el médico a las nueve y mira las horas que son. Ahora para que no me cojan.
Juan: Mamá, son las ocho y media, no vamos a llegar tarde.
Madre: Tú no sabes cómo son los médicos. Si llegas un minuto tarde, ya no te cogen, y tienes que volver a pedir hora. Que son todos unos sinvergüenzas.
Juan y su madre paran en una gasolinera. Es de esas con tiendas gigantes que no te ponen la gasolina. Juan se pone mil pesetas y entra en la tienda que está llena de estanterías con porquerías. Juan coge una lata de la nevera y unos donuts.
En la caja hay un tío con un pañuelo en la cara. Lleva un arma y está atracando al cajero. Ninguna de las dos personas se da cuenta de la presencia de Juan. Juan sale corriendo hacia el coche y saca la pistola de la guantera.
Juan: Toma, mamá, donuts y Coca-Cola.
Madre: Juan, que vamos a llegar tarde al médico, date prisa.
Juan entra en la tienda y desde la puerta dispara al ladrón en un brazo. La escopeta que lleva se dispara y destruye el monitor de seguridad. El cajero no sufre ninguna herida y llora como un loco.. Es pelirrojo y gordito. Es patético y gracioso.

Juan entra en el coche y arranca muy deprisa. La madre lo mira con cara de disgusto. Juan le da la pistola a la madre.
Juan: Toma, mamá, esconde esto.
Madre: Pero, Juan, ¿qué has hecho?
Juan: Acabo de matar a un hombre que estaba a punto de matar a otro.
Madre: Las armas las carga el diablo.
La madre tira por la ventanilla la pistola, en dirección a un descampado. Va a caer encima de un árbol. Se desliza y acaba cayendo justo encima de la manta de un vagabundo que duerme junto a su bicicleta. El vagabundo se sorprende y esconde el arma. Mira el árbol de donde ha caído. Asombrado y estupefacto coge su bicicleta y se larga del lugar con la pistola en la chaqueta. Recorre un largo camino en bicicleta, que le lleva hasta un hotel. Y como muchos otros pobres hambrientos decide entrar a pedir un bocadillo. Baja una cuesta que le leva hasta la parte trasera del hotel. La entrada de personal está abierta. Sube por unas escaleras que le conducen hasta la cocina. Un pinche le atiende.
Pinche: ¿Busca a alguien?
Vagabundo: No, yo lo que quiero es comer. Si tuvieran un poco de caridad. Hace una semana que no como un trozo de pan.
Pinche: Bueno, eso tengo que decírselo al jefe. Yo aquí no soy nadie.
El jefe de cocina está decorando un pescado.
Pinche: Maestro, hay en la escalera un vagabundo hambriento. Me pide un poco de comida. ¿Qué hago?
El jefe se presenta muy chulo ante el pobre, con aires de arrogancia.
Jefe: Lo siento, caballero, pero no podemos estar dando de comer a toda la gente necesitada que entra por la puerta. Esta mañana ya han venido otros dos más pidiendo bocadillos. Yo no puedo estar dando comida que no es mía. Yo aquí no soy responsable ni puedo hacerme cargo de su problema.
El vagabundo cabreado saca la pistola y amenaza al Cheff.
Vagabundo: Bueno, pues entonces vaya en busca del responsable que pueda darme un plato de comida.
Jefe: Manolo, ve a llamar al director.
Manolo, el pinche, abre como un loco la puerta del despacho del director. El director se asusta de tal manera que del cabreo destruye su game boy de color estrellándola contra el suelo.
Director: ¡Joder, Manolo! ¿No sabes tocar la puerta?
Pinche: señor director, es mejor que venga rápido a la cocina.
El director entra en la cocina y mira la escena.
Director: ¿Qué es lo que está pasando aquí?
Jefe: Este hombre necesita un plato de comida.
Vagabundo: Yo no quiero lastimar a nadie. Sólo quiero comer. Llevo una semana sin pegar bocado más que a un misirable trozo de pan duro que me cayó en la cara.
Director: ¿Y por qué no le dais de comer? No es necesario todo este jaleo. ¿No?
El pobre vagabundo no se ha dado cuenta de que está dándole la espalda al cuarto de las perolas, donde friega Raúl, un chico obeso con granos, sudoroso y nervioso y con ganas de acabar la faena para poder ir a comer. Golpea con una gran sartén la cabeza del vagabundo. El impacto hace que la pistola se dispare y hace caer la mosquitera eléctrica dentro de una gran olla. Detrás cae la pistola.
Gordo: Pobre desgraciado.
Jefe: Manolo, trae una araña.
Director: Menudo jodido puto susto. ¿Por qué no le hicisteis un bocadillo de mierda?
Manolo: Porque usted nos tiene prohibido dar comida a la gente de la calle.
Director: Pero con una excepción para los que llevan pistola.
Jefe: Habría que llamar a la policía.
Director: No, no, Demetrio. Mejor que no se entere de esto nadie. Vamos, esto no tiene que salir de aquí. No creo que este incidente le de muy buena imagen a la empresa.

En otra parte, Jesús se levanta de un susto de la cama y grita: ¡la pistola! Su mujer lo mira asustada, sin saber de qué está hablando.

Manolo: ¿Y la pistola? Y con la pistola, ¿qué hacemos?
Director: Yo me encargaré de ella. La iré a tirar lejos de aquí.
La lía con un trapo de cocina y la mete en una bolsa de plástico. El vagabundo sigue inconsciente en el suelo. Todos pasan de él.
Manolo: ¿Y la mosquitera?

Aparece, como una imagen, todo un bufet presentado. En el comedor hay comida de todas clases: caliente, fría, postres y finalmente , las sopas que los clientes giris viejos se echan en sus cuencos.

Aparece un coche de rico director de hotel recorriendo una zona marginal de una barriada, un ghetto. De la puerta del coche sale el director, que tira la bolsa con la pistola en un contenedor. Luego se larga deprisa.
Cuando el coche desaparece de la calle, un niño gitano de unos diez años se acerca curioso al contenedor. Mete medio cuerpo dentro y logra sacar la bolsa. El niño no sabe lo que es, así que sale corriendo hasta el portal de su casa. Allí abre la bolsa y se sorprende al encontrar una pistola. La vuelve a esconder y sube corriendo las escaleras para llegar a su casa.
El interior de la casa es de aspecto pobre y hay una chica gitana muy guapa con una amiga también gitana menos guapa. La chica guapa es hermana del niño. Se encuentra de pie junto a una ventana ancha. Está moviendo un carrito de bebé mientras sostiene otro en brazos. También tiene al lado una mesa de planchar con camisas. Su amiga fuma y mira una revista.
Hermana: Paqui, podrías apagar el cigarro un rato, ¿no?
Paqui: Joder, tía, es que me pones nerviosa con tanto meneo.
El niño entra corriendo y preocupado.
Niño: ¡Mari! Tengo que enseñarte una cosa.
Amiga: ¿Qué cosa?
Mari: Mira, Miguelito, ahora no tengo tiempo ni ganas para tus juegos.
Niño: Pero es que es muy importante.
Amiga: Este me parece a mí que ya se ha hecho adulto.
Mari: Mira, Miguelito, ¿no ves que estoy hasta el coño de hacer de niñera? Encima con el papa y la mama en la cárcel.
Niño: ¿Luego me dices que no te cuento las cosas!
Mari: Joder, niño, como no sea importante te doy una torta que te doblo la cara. Pepi, aguanta un poco al niño que no haces nunca nada.
Amiga: Joder, tía.
Mari: Y apaga el cigarro, que me los vas a matar de un cáncer.
La hermana sale hasta la puerta de la casa con el hermano.
Mari: A ver, ¿qué es lo que te ha pasado, mocoso?
Niño: Sube conmigo a la terraza y te lo enseño.
Mari: ¿Qué es eso que llevas en esa bolsa? Espero que no sean drogas de tu hermano porque me voy a cabrear.
En el tejado del edificio, feo, cuya fachada se cae a trozo, se ven a lo lejos edificios y hoteles. El niño saca la pistola de la bolsa.
Niño: Mira.
Mari: Miguel, ¿de dónde coño has sacado esto?
Niño: De un contenedor. Vi cómo la tiraba un rico.
Mari: Me extraña que vengan ricos por aquí.
La hermana coge el arma y lo mira.
Mari: Joder, qué bonita es. No estará cargada, ¿no?
Niño: Deja la pistola , subnormal, a ver si se te dispara.
La pistola se dispara accidentalmente, “supongo que accidentalmente”, porque todo hasta ahora es accidental. La bala recorre una larga distancia, que la lleva a atravesar el cristal de la ventana de un edificio y finalmente acaba destruyendo el televisor viejo y en blanco y negro de una pareja de ancianos, justo en el momento en que el viejecito daba golpecitos encima del televisor para sintonizar la imagen.
Niño: ¡Serás imbécil!
Mari: Joder, sí que estaba cargada.
Niño: Dame la pistola. Te vas a hacer daño.
Mari: La pistola la guardo yo, mocoso. ¡Venga!, para casa ahora mismo.
Ambos entran en la casa. Mari esconde la bolsa en un cajón en el mueble de la habitación de su madre.
Mari: Anda, Miguelito, vete a jugar con tus amigos.
Niño: Yo no tengo amigos.
Mari: Pues vete a comer un helado. Toma dinero.
El niño sale por la puerta.
Amiga: ¿Qué es lo que le pasa?
Mari: Cosas de la pubertad.
Amiga: ¿Lo ves? Si tenía razón yo... Oye, ¿y lo del disparo?
Mari: ¿Qué disparo?
Entra en la casa corriendo Francisco, uno de los hermanos mayores de Mari y Miguelito. Entra sofocado con una caja de trilero. Se tira al suelo.
Francisco: ¡Joder! Casi me pilla la poli de mierda.
Mari: He aquí el cabeza de familia.
Amiga: El súper hombre.
Francisco: Soy la hostia. Puedo correr tan rápido como un tigre.
Mari: Y como un gilipollas. ¿Por qué no corres a buscar un trabajo de verdad?
Francisco: ¿Pero qué estás diciendo? Eso deshonraría a papá. Además, esto es un arte que no se puede perder de generación a generación. Yo al menos traigo dinero a esta casa. Por cierto, ¿no tendrás nada para dejarme?
Mari: Pero serás inútil... Mira, Francisco, no vales para trilero. Siempre contigo se forran. Pierdes dinero.
Francisco: Anda y déjame en paz. Además, necesito mear.
Amiga: Joder, Mari, qué guarro y que inútil es tu hermano.
Mari: Pues anda que tú.
Francisco entra en la habitación de la madre sin que Mari lo vea. Abre el cajón donde guarda la bolsa. Descubre la pistola, y se pregunta que qué hace ahí. Se esconde el arma, y se larga.
Francisco: Bueno, Mari, pues yo me voy a seguir con la faena.

En el edificio de enfrente, la policía toma datos sobre el incidente ocurrido en casa de los viejitos. Están asustados. Un policía se dirige a la ventana, y mira hacia el edificio de Mari y Miguelito. Se lo señala con el dedo a otro agente, mientras los ancianos miran.

Francisco va a toda hostia en su coche cutre con pegatinas, turbo y música de camelas a toda hostia. Para el coche en la puerta de una casa y sale una chica, que entra en el coche.
Francisco: ¡Venga niña que llegamos tarde!
Chica: Hay que ver las putas prisas que tienes siempre, ¿eh?
Llegan a la taquilla de cine del principio.
Francisco: Venga, saca las entradas.
Chica: ¿Qué vamos a ver?
Francisco: La del Van Damm
Chica: Joder, con el Van Damm. Tenéis una obsesión todos los tíos con ese cabrón. Es que en el fondo sois un poco maricones.
Francisco: Anda y cállate, intelectual.
La pareja entra en el cine y a media película se empiezan a sobar. Se toca, se ponen cachondos y ella advierte algo extraño en su chaqueta.
Chica: ¿Qué coño tienes aquí? ¿No será un vibrador, no?
El arma se dispara y hiere a Francisco en un hombro.


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